ALEJANDRA MENDEZ. 5 POEMAS

 De: Charlas con Cuchúa (frag.)

Te pregunto por la memoria,
¡qué extraño gato zigzagueante!
Decime cómo veías vos nuestras cosas,
pequeñas o grandes cosas, eso depende.
¿Recordás la tarde que matamos al bayo
por pura picardía nomás? Me persigue todavía.
Pienso al trote en su caída, su pelaje, su temple,
el porte, el pecho de ancho río.
Ahí su centro, su gravedad, su brillo extremo.
Yo amaba acariciarle el anca.
Dicen que para cinchar un ancla del titanic
llevaron 20 shire. ¡Qué animalidad,
esa fuerza delantera y esa cosa sobre el mar!




Contrapunto
Para cubrirme del desamparo virtuosista
de la fantasía en un lunes con luz tenue,
luz ínfima de pared cualquiera del mundo,
de la vergüenza cromática en la fuga
no vista ni aceptada,
creo el contrapunto
que es ese fino oficio en el origen.
Como un triste dios pequeño
a tientas sufro
practicando mi libertad.




En soledad polifónica
Una cantidad de voces ajenas
suben bien arriba,
adentro, hasta el tope,
altazor de mi voz.
Sé que no me pertenecen,
y hablando claro en esta noche oscura,
sobre cabezas con luna y llanto,
no comprendo por qué ahora
llaman a mi puerta.
No respondo, y me siento
tan culpable en mi escondite.




Los aprendices
Dijo el silencio de Wang-Fô
que nos detengamos a contemplar los astros,
que aprendamos del mundo de las palabras:
ellas son las creadoras de las cosas.
Ruiseñores en colonias llenas
de humanos extraviados,
¿sabremos cantar en las aristas del mañana?









Profecía
Del día en que caía
el globo del espacio,
del silencio hecho muerte
impenetrable. Era:
un hueco vacío, como el ombligo de dios.

Jirones de rayos luminosos
descendían cuando el cielo
velaba la costa del río
escamada y dolorida.
En la luna se observaban
extranjeros movimientos,
del sonido hecho carne
impenetrable. Era:

un gran incendio, como todo buen poema.





trilce y la ciudad, de Adolfo Nigro