LÓGICA DE LOS ACCIDENTES. NURIT KASZTELAN









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Paradojas

El problema no es

la falta de aire
el problema es el miedo
a la falta de aire.

Busco

en el diccionario hiperventilación:
aumento de la frecuencia respiratoria,
un exceso de oxígeno
en la sangre. Todo
una cuestión de intensidad.

La paradoja

sigue siendo la misma:
aire más aire igual falta,
una ecuación matemática.





Algo se pierde, no todo se transforma



Tenés una pesadilla, él reaparece

y no querés que vuelva. El miedo
se torna un corpiño incómodo.
A ciertas horas de la tarde todo
se hace más artificial,
la luz demasiado pálida y el temblor
se convierten en una secuencia perturbadora.
Te enamoraste, sabías
que podían asfixiarte si te abrazaban
pero el asesino desapareció
y las plantas de tu casa
reviven solas.







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Lección 1


Como quien prende un fósforo y pretende

que la luz dure
por más de cinco segundos,
así de ingenua.

Tendría que aprender

a no mezclar el sexo
con cualquier otra cosa.

Pero cuanto más fácil es el planteo

más difícil la resolución.





Nurit Kasztelan


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Altura máxima 2.15 metros





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1   4. Archivo aritmético.

El libro de Kasztelan una idea de quietud. Un bloque de cadencias. Una crónica emocional de un rompimiento y la búsqueda de los elementos que lo equilibren. La descripción de una frontera y sus bordes. La vocación de una escritura. Una ecuación de pérdidas. Un cuaderno donde una mujer traza su juventud en términos geográficos. Un archivo aritmético de nuestra ansiedad y de nuestra asfixia.

Lo único que quiero
es provocar
un estado de tensión
en el que las cosas se rompan
y no haya ruido.

Funciono como las plantas,
si aspiro demasiado
me ahogo.

En Méjico me contaron
de una mujer
a medida que molía el maíz,
su brazo iba desapareciendo.

Soy como esa mujer
que se muele a sí misma
me escribo
y desaparezco.

[“La molienda”, p. 9]

2.      Un taller en Cali.

En 2005 escuché a Gonzalo Rojas leer “La palabra”:
Un aire, un aire, un aire
un aire,
un aire nuevo:
no para respirarlo
sino para vivirlo.

Nuestra voz construida con la mitad del mundo (el aire) y con la mitad de nuestro cuerpo (las cuerdas vocales, los pulmones, la garganta, la boca). Una de las habilidades necesarias para vivir y cuyo mecanismo olvidamos durante meses o décadas. ¿Hace cuánto no te detienes a pensar en cómo es que respiras por las madrugadas? ¿Cómo aprendiste a tragar sin ahogarte? ¿Cuánto del aire de la habitación ayer estuvo en un taller en Cali o en un laboratorio en Alaska? ¿Cómo cambiaría tu vida si fueras incapaz de realizar alguno de los movimientos de la aspiración?

No aprendí a respirar
de la manera correcta;
me queda el gesto
de acapararlo todo
en una sola bocanada.
No conocí
la forma del límite.

[“Del aire no se tiene memoria pero de la falta sí”, p. 10]

3.      Una cuestión de intensidad.

Cuando mi hermana nació yo tenía cuatro años.  Durante sus primeros meses mis padres me pidieron que vigilara sus siestas. Si notaba que no respiraba tenía que avisarles de inmediato. Cuando ella dormía colocaba mis dedos bajo sus fosas nasales. Solo una vez no sentí aire. Le grité a mi padre que llegó y levantó a mi hermana, le golpeó la nariz y la espalda hasta que reaccionó. Nunca he visto el rostro de mi padre tan asustado.

El problema no es
la falta de aire
el problema es el miedo
a la falta de aire.

 [“Paradojas”, p. 11]


4.      El pasado es una criatura extraña (Emily Dickinson).

En la mesa hay algunos vasos. En ellos ocultas palabras. El amor y su inestabilidad. La juventud y una baraja de teorías. La madurez y su aparente lentitud. El olvido y su azar de desencuentros. Mueves los vasos como has visto que lo hacen los prestidigitadores. Muestras el contenido conforme tu estado de ánimo y tu talento de idear y glosar proposiciones (“El infinito también cabe en un agujero de vidrio”). Trazas una historia que se resuelve o se adivina según los procedimientos de los juegos infantiles, con la primera regla de los detectives: el mejor método de distracción es dejar la carta en el sitio más visible del escritorio.

De los recuerdos que construiste en Chile
elegiste borrar la mitad
detenerte en un presente perfecto.
Volver lo vivido redundante,
apenas una experiencia menor

[“Autoconservación”, p. 21]


El cuerpo es uno de los márgenes que describe Kasztelan. El cuerpo que resulta luego de un desengaño amoroso. La frontera en sí no aparece en el libro. Su centro está desterrado, para entenderlo, para encontrar su lógica hay que analizarlo como un problema de geometría, como un anuncio de miedo.

Se me aparecía tu imagen.
En el chico de adelante de la micro
creía ver
tu nuca;
bajando las escaleras del metro
imaginaba
tu cara
atada al cuello de otro.

[“Combinación en Santiago”, p. 26]





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    5.      Escribo para alejarte.

A los seis años me resultaba imposible decir los números después del cien. Me confundía. No lograba entender una cifra como ciento uno. Esta dificultad me atormentaba sobre todo cuando iba en auto. Para distraerme anunciaba las señales de tránsito a mi padre: Próxima salida a 2 km., No rebasar, Hombres  trabajando, Altura máxima 2.15 metros.
A los veinte mi abuela murió el día de mi cumpleaños. Debido a una embolia había permanecido durante meses en el hospital. Escribí para ella por primera vez algo con seriedad (no en el sentido de lo solemne, sino por la finalidad). A través de esas páginas intentaba alejarla. Sin saber que la escritura tiene un doble movimiento de separación y acercamiento. Ignoraba que es un ovillo de nudos.


Noventa y nueve más dos
es ciento uno, ¿no?
dije mirando por la ventanilla del auto
mientras contaba los carteles de la ruta
al volver de las vacaciones.
Tenía cuatro años y todavía
no sabía escribir mi nombre.

Siempre fui buena para los números,
podía resolver ecuaciones
con variables que ya estaban dadas.
Cuando en el colegio me dijeron
escribí tu primera historia
dije números, dame números.

Mi tía murió y murieron las navidades,
la cena en el patio,
la casa en Flores, algo de la familia.
Ante la primera pérdida
agarré una hoja
y empecé a escribir.
[“Variables”, p. 33]


La escritura de Nurit Kasztelan es una serie de cortometrajes que resumen y enriquecen la ficción que llamamos memoria. Es un muestrario de contundencia y eficacia. Combina su facilidad de dicción con una narrativa de complejos detalles.

Cuando era chica me gustaba
separar los caramelos por colores
antes de comerlos.

Los caramelos
podían quedar cerrados días enteros
hasta que finalmente los abría,
los saboreaba lento
y los tragaba.

Todavía, en secreto
sigo teniendo el mismo gesto
de mirar y no tocar.

[“El orden”, p. 35]

6.      Tener las notas más altas en la escuela no brinda seguridad.

Saber la anatomía de los ovarios no garantiza una paternidad solvente. Aprender el reglamento de vialidad no te salva en un crucero. Escribir la relación de tu desequilibrio no mejora tu experiencia.

Como quien prende un fósforo y pretende
que la luz dure
por más de cinco segundos,
así de ingenua.

Tendría que aprender
a no mezclar el sexo
con cualquier otra cosa.

Pero cuanto más fácil es el planteo
más difícil la resolución.

[“Lección I”, p. 37]


7.     Plano de orientación.

La sección más hermosa de los atlas es el índice. Las columnas con los nombres de las ciudades y sus coordenadas. Kasztelan en el último texto de Lógica de los accidentes crea un plano de orientación ante el desequilibrio, escribe una guía de la inestabilidad.

Movete como una figura
que se desliza subrepticiamente
violá las leyes de la materia
rodá por el espacio. Comportate
como una membrana
y dejá entrar a tu cuerpo
sólo lo que te sirva.
Devorá insectos
dejate contaminar. Olfateá
como si fueras un perro.

[“Necesidad de lo liviano”, p. 44]






Jorge Posada














Lógica de los accidentes.
Nurit Kasztelan.
Liliputienses, España, 2015.



"Altura máxima 2.15 metros" apareció en el segundo número de la revista Psicopompos.