TRES POEMAS DE ISEL RIVERO














Amstetten
 A Pepa Roma por Un Lugar Llamado Kindberg
 El monstruo Fritz
-nada que ver con Barba Azul
de cercanía geográfica-

guardaba en su sótano una muñeca
su hija
con ella procreó.

-pasaron los años-

El silencio acompañó
a su sombra
cada noche
cuando las campanadas de la iglesia
tocaban medianoche,

- pasaron años –

Ocultos
desgarrados
en sus diálogos con las ratas
siempre sibilantes silenciosos
los hijos
murciélagos mutantes
cegados por la luz
al salir.

Toda Austria pestañeó
al conocer la historia.
Sería igual después de la guerra
nadie sabía nada
aunque no quedaban sinagogas en pie
ni guijarros de menorahs en los tabernáculos



MAREA NEGRA


(A Robin)

El concurso de belleza
en Lagos
un bazar
que pretendía catapultar a la fama ala Nueva Helena
me recordó aquella noche
cuando tú
 y otras mujeres alzaron las linternas rojas
 y tomaron Atlantic City por sorpresa.
 Dicela CNN
 que los musulmanes hoy se lanzaban a las calles
 acusando de blasfemia a las mujeres del Norte.
 Hay más de doscientos muertos
 La BBC
 habla del buque tanque Prestige
 que amenaza con partirse en dos
 encallado en las costas de Galicia.
 La sangre no mezcla bien con el petróleo
 especialmente si se condimenta con azufre.
 Es, como una amiga dice,
 el dolor de cabeza de un alquimista
 ningún aprendiz
 logra acercase a la esencia
 de los principios más esotéricos
 en la destilación
 cuando el azufre, el temido, se constela.
 Al hacer su aparición el Diablo
 las candidatas a Miss Mundo
 fueron sacadas del hotel
 y como rebaño
 enviadas a Londres
 en un charter especial.
 Voló sobrela Costa dela Muerte
 donde cormoranes, gaviotas, frailecillos, golondrinas de mar
 se ahogaban pegadas al petróleo
 luz de pluma blanca, apagada.



Charles, por favor,
déjale saber a Enrique Octavo que
están haciendo bebés en pequeños tubos de plástico
en algún lugar a la vuelta de la esquina
ponen juntos a hervir esperma y células
le añaden una pizca de pigmento de azafrán
cantan algunas invocaciones a la luna
agitan el tubo
lo vierten en otro tubo
retoman una conversación olvidada
cambian batas blancas por batas azules de químico
consultan la Biblia
rezan una oración
tocan madera
y de repente
hay un ojillo
abriéndose
mirando fijamente
fijamente



Isel Rivero (1941).



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